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Quien convive con esta enfermedad rara vez se reconoce enfermo. Es un trastorno mental, y por su propia naturaleza, el afectado tiende a observar la realidad desde dentro del problema. Cuesta verse padeciendo algo intrínsecamente subjetivo. Por eso resulta tan difícil sentir la necesidad de dejar el alcohol o decidirse a buscar un centro de desintoxicación.

En este texto explicaremos qué define a esta dependencia según los manuales médicos y psiquiátricos de referencia. Revisaremos los síntomas a nivel psíquico, psicológico y físico. Veremos qué se considera consumo de riesgo y encontrarás dos de los cuestionarios más empleados para la detección.

¿Qué es el Etanol y por qué lo nombramos?

Desde tiempos remotos, el ser humano ha recurrido a sustancias con fines medicinales, placenteros, rituales o para alterar la percepción. Una constante: apartarse del sufrimiento físico, psíquico, relacional o espiritual.

Una bebida alcohólica contiene etanol de forma natural o añadida, con una concentración igual o superior al 1% de su volumen. La cerveza ronda el 5%. Las llamadas «0,0» o «sin alcohol» tampoco están exentas: su graduación es inferior al 1%, y por eso se comercializan así. Sí, esas bebidas también contienen etanol.

El etanol es una droga

Es la única sustancia psicoactiva de consumo legal y no médico capaz de provocar una afectación de la conciencia, la personalidad y la conducta equivalente a la que causan otros compuestos altamente adictógenos como la cocaína o la heroína.

Afecta al cerebro y a la mayoría de los órganos. Su consumo daña al propio bebedor y a quienes le rodean, por su vínculo con la violencia familiar, los accidentes fatales de tráfico (incluidos peatones) y la violencia interpersonal.

Contra lo que muchos creen, esta sustancia es depresora del sistema nervioso central. Causa dependencia, alteraciones físicas y psíquicas, e incluso la muerte.

Definición de dependencia o adicción

El alcoholismo, o dependencia etílica, es una enfermedad crónica caracterizada por un consumo incontrolado de bebida.

  • OMS

La OMS acuñó en 1976 el término síndrome de dependencia alcohólica: «un estado psíquico y habitualmente también físico resultado del consumo, caracterizado por una conducta y otras respuestas que siempre incluyen compulsión para ingerir de manera continuada o periódica, con objeto de experimentar efectos psíquicos o para evitar las molestias producidas por su ausencia».

  • CIE-10

El CIE-10 (Décima revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades y Trastornos relacionados con la Salud Mental), publicado por la OMS en 1992, recoge términos como abuso, dependencia, drogadicción y trastorno por consumo. Centra el foco en el síndrome de dependencia.

Para el CIE-10 (F10.2) se trata de un «Conjunto de fenómenos del comportamiento, cognitivos y fisiológicos, que se desarrollan por consumo repetido de la sustancia en cuestión, entre los cuales se cuentan característicamente los siguientes: un poderoso deseo de tomar la sustancia, un deterioro de la capacidad para autocontrolar el consumo, la persistencia del uso a pesar de consecuencias dañinas, una asignación de mayor prioridad a su utilización que a otras actividades y obligaciones, un aumento de la tolerancia y, a veces, un estado de abstinencia por dependencia física».

  • DSM V

Otro manual de referencia, el DSM V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, quinta edición), describe los trastornos por consumo de sustancias y trastornos adictivos (253). Incluye por primera vez el juego patológico (ludopatía). Cita literalmente: «la palabra adicción no se utiliza como término diagnóstico en esta clasificación, aunque sea de uso habitual en muchos países para describir problemas graves relacionados con el consumo compulsivo y habitual de sustancias».

No hay una definición clara, ni mucho menos precisa para determinar qué es el alcoholismo.

Lo que sí dejan bastante claro son dos ideas clave.

-Es una enfermedad.Existen diversas problemáticas que afectan tanto a la mente como a los órganos físicos.

Por tanto, hablamos de una patología donde el paciente se caracteriza por la búsqueda y la ingesta compulsiva, más o menos incontrolable, de bebida. Si te identificas con este patrón, desde Centro Ádyton recomendamos plantearte cuanto antes dejar el alcohol.

¿Cuando se padece de adicción

¿Por qué algunos bebedores acaban desarrollando dependencia y otros no? Investigaciones sobre supuestos genéticos identifican dos patrones hereditarios de ingesta (US Alcohol and Health, 1990), descritos como tipo I y tipo II (Cloninger, 1981-1987).

Tipo l

Es el más frecuente y se iniciaría a partir de los 25 años. La sintomatología explícita aflora entre los 35 y los 40 años. Su repercusión sobre la conducta relacional es baja, en sentido amplio. Sí aparece, en cambio, una vivencia de vinculación o dependencia con pérdida de control una vez iniciado el consumo y sentimientos de culpa. Suelen acompañarlo enfermedades secundarias y problemáticas intensas de pareja y familia, expresadas en clave psicológica.

Tipo Il

Aparece antes de los 25 años. Lo caracterizan la búsqueda activa de bebidas alcohólicas, la incapacidad de mantener la abstinencia y episodios de intoxicación con embriaguez aparente o no. Estas conductas modifican sustancialmente el comportamiento y generan conflictos en todos los ámbitos relacionales. Existe un intento constante de experimentar nuevas sensaciones. Puede coincidir o no con problemas médicos o patologías secundarias.

Fuente: Tipologías o modelos de alcoholismo. Ref. US Alcohol and Health, 1990 (modificado)

Síntomas psíquicos

Como se ha visto, existen varios indicadores que ayudan a determinar si una persona padece dependencia etílica. Los resumimos así:

Deseo intenso de consumir o «Craving».

Compulsión por beber: necesidad imperiosa de ingerir bebida, habitualmente o de manera periódica.

Conductas vinculadas a la ingesta.

Cognición: aspectos de nuestra manera de pensar vinculados a seguir bebiendo.

Dificultades para no beber o para dejar de hacerlo.

Persistencia en el consumo pese a las consecuencias dañinas. Estas pueden ir desde arrepentimientos hasta problemas de salud física, familiares, de pareja, laborales o académicos.

Prioridad al consumo antes que a otras tareas u obligaciones.

Tolerancia: necesitan beber más cantidad para obtener los efectos deseados. A veces ocurre lo contrario: con poco ya los obtienen.

Síntomas psicológicos

Hay numerosos síntomas psicológicos asociados a esta enfermedad. Entre los principales:

  • Apatía
  • Tristeza
  • Cambios de humor y/o emocionales
  • Culpar a los demás o a sí mismo de la propia situación
  • Agotamiento mental
  • Pérdidas de memoria
  • Inmadurez emocional
  • Autoengaño

Síntomas físicos

También están los aspectos físicos. El síndrome de abstinencia, conocido como «mono», aparece al dejar de beber o tras un tiempo sin hacerlo. Se manifiesta con nerviosismo, temblores en las manos, oscilaciones del ánimo, el deseo intenso de volver a beber (Craving), el delirium tremens y, en cuadros severos, la muerte.

El etanol posee además una gran capacidad de dañar los tejidos del organismo.

Las complicaciones físicas que aparecen, de forma única o múltiple en bebedores, son numerosas. Repasamos las más frecuentes.

Aparato digestivo:

Las lesiones van desde la boca, el esófago y el estómago hasta el hígado, el intestino delgado y el páncreas.

El hígado es el órgano más castigado. Podemos encontrar Esteatosis hepática alcohólica (hígado graso), Fibrosis hepática, Hepatitis alcohólica (inflamación) y Cirrosis hepática alcohólica.

El etanol es responsable de una gran variedad de alteraciones pancreáticas, agudas y crónicas, como la pancreatitis aguda o crónica.

Aparato circulatorio:

Los efectos sobre el aparato circulatorio se dividen en agudos y crónicos.

Entre los agudos: cardioestimulación y arteriodilatación periférica.

Los crónicos derivan de lesiones bioquímicas y anatómicas del miocardio, que en algunos casos provocan una cardiopatía alcohólica.

El etanol también afecta a las líneas celulares de la sangre, provoca alteraciones endocrinológicas y metabólicas, alteraciones musculoesqueléticas, alteraciones dermatológicas y trastornos neuropsiquiátricos. Entre ellos figuran la encefalopatía menor, el síndrome de abstinencia menor y el delirium, este último capaz de derivar en la muerte si no se trata debidamente.

Cáncer

Es un factor de riesgo claro para el cáncer (Doll y Peto, 1981). Se han descrito asociaciones observacionales entre el consumo de cerveza y el cáncer colorrectal (Schatzkin, 1987). También es conocida la relación entre pancreatitis y cáncer de páncreas en el consumo de bebidas alcohólicas (Olsen, 1989; Klatsky, 1981). Y se ha vinculado el cáncer de mama (Villet, 1987) con la ingestión etílica.

El abanico de complicaciones derivadas del consumo continuado es amplio.

Cuando buscar un centro especializado en adicciones

Los síntomas descritos arriba no diagnostican por sí solos. Tienen carácter meramente informativo y nunca deben emplearse como método clínico. Si tú o alguien de tu entorno presenta varios de ellos, conviene acudir a un recurso especializado en adicciones. Allí orientarán mucho mejor sobre tratamientos y cómo proceder. Nunca intentes dejar de beber por tu cuenta. Si lo haces sin atención médica adecuada, puedes sufrir síntomas graves de abstinencia.

Cuanto hay que consumir para saber el riesgo tóxico, la afectación orgánica o padecer una adicción

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que no existe una cantidad «segura» sin riesgos. Aun sin diagnóstico clínico, establece categorías de bebedores según la cantidad ingerida y el sexo.

UBE

La OMS definió una medida para calcular la cantidad ingerida: la Unidad de Bebida Estándar (UBE), que en España equivale a 10 gramos de etanol puro. Se considera consumo de riesgo aquel que supera los 40 gramos diarios en hombres adultos y 24 gramos en mujeres. Es decir, más de 4 UBEs y más de 2 UBEs respectivamente, equivalente a un consumo semanal superior a 21 UBEs en varones y 14 UBEs en mujeres.

Si la ingesta se concentra en una única sesión, los límites se sitúan en 50 gramos para hombres y 40 gramos para mujeres por ocasión (atracón).

Calcular un UBE

Para calcular esta unidad hay que considerar tres factores: el volumen, expresado en centilitros o c.c.; la graduación, expresada como grados (°) o vol %; multiplicarlo por 0,8, que es la densidad del etanol; y dividir entre 100. Si una persona consume 100 c.c. de un vino con 13 grados (%, °), la cantidad de etanol puro ingerido es de 10,4 gramos, equivalente a 1 UBE.

100 c.c. X 13 X 0,8 / 100 = 10,4 gramos de etanol puro o 1 UBE.

Quién lo padecerá

No todas las personas que beben acaban desarrollando dependencia. Para identificar el riesgo, existen varios mecanismos validados.

Los cuestionarios son herramientas útiles en la detección del consumo de riesgo, perjudicial o crónico. Eso sí: nunca sustituyen el diagnóstico de profesionales especializados.

CAGE

Uno de los instrumentos más utilizados, por su validez y brevedad, es el CAGE (Rodríguez-Martos, 1989). Con cuatro preguntas ofrece una primera exploración.

  1. ¿Le ha molestado alguna vez la gente criticándole su forma de beber?
  2. ¿Ha tenido usted la impresión de que debería beber menos?
  3. ¿Se ha sentido alguna vez mal o culpable por su forma de beber?
  4. ¿Alguna vez lo primero que se ha planteado por la mañana ha sido beber para calmar sus nervios o para librarse de la resaca?

AUDIT

También está el cuestionario AUDIT (OMS–CIE10–1996) sobre la dependencia etílica. Puedes realizarlo tú mismo.

Aun así, conviene hacerlo bajo supervisión profesional para un correcto diagnóstico y determinar cuando hay que buscar ayuda especializada para dejar de beber.

Si tú o alguien de tu entorno cree que podría tener un problema, en Centro Ádyton disponemos de los medios psicológicos, psiquiátricos y médicos para un correcto diagnóstico, evaluación y tratamiento dirigido a dejar de beber en Salamanca. Trabajamos la recuperación psicológica, física y vincular del paciente. También ofrecemos asesoramiento gratuito.

Si tú o alguien que conoces precisa más información sobre el tratamiento de las adicciones con sustancias, podemos ayudar a dejar las drogas. Tratamos todo tipo de dependencias, como Adicciones a la cocaína, la dependencia a los fármacos o incluso la dependencia al cannabis. Pueden ponerse en contacto a través del formulario de contacto o llamando al 613 613 785. También atendemos por WhatsApp.

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