El uso prolongado de sustancias psicoactivas arrastra efectos físicos y psíquicos ampliamente documentados que comprometen el bienestar de quien las toma. Lo que pocas guías cuentan es que el género modifica esa ecuación de forma profunda. Hombres y mujeres no metabolizan, ni inician, ni sostienen una dependencia del mismo modo.
Esa brecha tiene dos raíces simultáneas: una biológica, escrita en enzimas y proporción de tejido adiposo, y otra cultural, escrita en estigma, roles y silencios.
Diferencias entre hombres y mujeres en adicciones: investigación sociocultural
Durante décadas, los estudios sobre uso problemático de estupefacientes obviaron la variable sexo. Las muestras se construían con varones, los análisis se interpretaban en clave masculina y las conclusiones se extrapolaban como si fueran neutras. La consecuencia: una infrarrepresentación femenina que dejó fuera del mapa al menos al 40% de la población afectada.
¿Qué se perdía con ese sesgo metodológico? Información clínica relevante para diagnóstico, criterios de gravedad ajustados, respuestas terapéuticas específicas y políticas de prevención adaptadas. Una ceguera estadística que tardó casi treinta años en empezar a corregirse.
Condiciones de género
La disparidad por sexo en estas conductas hunde sus raíces en condicionantes de género que varían según el momento histórico, la clase, la etnia y la edad. No hablamos de un fenómeno biológico puro, sino de una construcción atravesada por la cultura.
En la práctica, la mujer oculta su patrón de uso con mucha más frecuencia que el varón. Hay un sesgo cultural que culpabiliza el cuerpo femenino cuando bebe o se medica, mientras tolera o incluso celebra el mismo gesto masculino. Esa vergüenza añadida retrasa la petición de ayuda entre cinco y siete años de media respecto al varón.
Incorporación de la perspectiva de género en adicciones
La III Conferencia Mundial de la ONU sobre mujeres, celebrada en 1985, marcó un punto de inflexión. Desde entonces, autoras y autores especializados en drogodependencias reclaman que la perspectiva de género deje de ser un anexo y se convierta en eje estructural de la investigación.
Hallazgos clave por sexo
Al desagregar los datos, aparece un patrón nítido. Ellas tienden a desarrollar dependencia con sustancias legales: tabaco, bebida alcohólica e hipnosedantes. Ellos concentran la mayor parte del uso problemático de narcóticos ilegales, especialmente cocaína y heroína.
La tendencia tampoco es estática. En los últimos años, la curva femenina sube de forma constante en cuatro sustancias: etanol, tabaco, hipnosedantes y cannabis. La masculina, en cambio, se ha frenado e incluso retrocede en algunos estupefacientes clásicos.
Diferencias entre hombres y mujeres en adicciones: patrón de uso
Hay un dato que descoloca. Las mujeres consumen hipnosedantes hasta cuatro veces más que los varones, ya sea con receta o por canales irregulares. Una proporción que ninguna otra sustancia replica.
Fuente: AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), serie de dosis diarias definidas por 1.000 habitantes y día en receta oficial más mutuas.
Cuando se analizan las muertes por reacción aguda a sustancias psicoactivas, el reparto se invierte respecto al imaginario habitual: el 74,2% de los fallecimientos por hipnosedantes corresponde a mujeres, frente al 63,2% de varones.
La Encuesta sobre Alcohol y Drogas en Población General en España 2017 dibuja el contraste completo. Los varones lideran en bebida alcohólica (57,1%), tabaco (56,6%), cannabis (71%) y cocaína (77,7%). Ellas dominan únicamente en hipnosedantes, con un 63,2% de consumidoras.
Entre estudiantes de Educación Secundaria de 14 a 18 años, la fotografía se repite con un matiz preocupante: los hipnosedantes ya aparecen como segunda sustancia preferida por las chicas, justo después del etanol.
Fuente: ESTUDES 2020, evolución de la prevalencia de uso de estupefacientes alguna vez en la vida y en los últimos 12 meses, por sexo.
Diferencias entre hombres y mujeres en adicciones: salud mental
El informe reciente de Proyecto Hombre en Cataluña aporta datos que conviene leer despacio. Ellas, cuando llegan a tratamiento, arrastran más dependencia económica, menos apoyo familiar, mayor estigma comunitario y una invisibilidad que ningún varón soporta en la misma proporción. La reinserción real, esa que devuelve autonomía completa, la alcanza solo una minoría.
El trabajo es la principal fuente de ingresos para la mitad de los varones en proceso, pero solo para una cuarta parte de ellas. Más del 51% de las usuarias dependen de paro, pensiones u otras prestaciones, frente al 37% masculino.
Otro hallazgo del informe: la dependencia etílica encabeza la demanda femenina, con un patrón de ingesta en solitario, dentro de casa, que multiplica la invisibilidad y retrasa la detección por parte del entorno.
Salud mental asociada
Un 57,8% de las mujeres con conducta adictiva presenta algún trastorno mental concurrente. En varones, esa cifra cae al 19,8%. Casi una proporción de tres a uno.
Ellas sufren con más frecuencia trastornos del estado de ánimo y cuadros ansiosos. La gravedad clínica, eso sí, puede equipararse en ambos grupos cuando el cuadro está instaurado.
Diferencias entre hombres y mujeres en adicciones: dimensión biológica
El cuerpo procesa distinto
El etanol, líquido a temperatura ambiente y muy volátil, es fuertemente hidrófilo: se mezcla con agua en cualquier proporción y rechaza las grasas. Esta propiedad química condiciona toda su distribución corporal.
Quiere decir que la molécula viaja por los compartimentos acuosos del organismo y queda fuera de la masa grasa. Aquí empieza la divergencia entre sexos.
El cuerpo femenino contiene, de media, menos agua corporal y más tejido adiposo que el masculino. Misma copa, mismo peso, distinta concentración: ellas alcanzan niveles de alcoholemia superiores con idéntica ingesta.
El papel de la enzima alcohol-deshidrogenasa
El metabolismo hepático del etanol depende de la enzima alcohol-deshidrogenasa (ADH), responsable de transformarlo en acetaldehído. Esa misma enzima trabaja también en la mucosa gástrica, oxidando parte de la sustancia antes de que llegue a la sangre.
La actividad de la ADH gástrica es notablemente menor en mujeres. Resultado: una proporción mayor de molécula intacta cruza al torrente circulatorio.
Si juntamos las dos variables, menor agua corporal y menor enzima gástrica, la ecuación cierra: la misma cantidad ingerida produce alcoholemias más altas, efectos más intensos y daño físico más rápido en el organismo femenino.
Esa vulnerabilidad biológica explica por qué las hepatopatías, cardiopatías y deterioros cognitivos asociados al etanol aparecen en mujeres con dosis menores y en menos años de evolución que en hombres.
Si usted o alguien cercano necesita orientación sobre el tratamiento de las dependencias con sustancias, podemos ayudarle a dejar el uso de estupefacientes. Abordamos todo tipo de cuadros: dependencia de la cocaína, dependencia de fármacos e incluso dependencia del cannabis. Puede contactarnos mediante el formulario o llamando al 613 613 785. También atendemos WhatsApp.



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