Hoy repasamos las rutas clínicas más sólidas para abandonar este estimulante. Salir es posible.
En el artículo sobre las adicciones más frecuentes y sus consecuencias repasamos el abanico de conductas problemáticas que afectan hoy a la población.
¿Por qué insistir en este alcaloide concreto? Sigue siendo la segunda droga ilegal con mayor circulación en España, y su uso no deja de crecer¹. Cerca del 2,2% de los adultos lo ha probado en los últimos 12 meses, según el observatorio europeo.
Si necesita ampliar conceptos básicos, aquí tiene otra lectura recomendada: qué entendemos por adicción y cuándo hablamos realmente de patología.
¿Qué es la cocaína?
La benzoilmetilecgonina, denominación química de esta sustancia, opera como un estimulante potente sobre el sistema nervioso central.
Hablamos del principal alcaloide extraído de las hojas del arbusto Erythroxylon coca, originario de Sudamérica. Las comunidades indígenas lo emplearon desde el 5000 a. C. con fines rituales, médicos y energéticos.
¿Cómo se obtiene el polvo que circula por la calle? Mediante procesos químicos que combinan queroseno y ácido sulfúrico, la pasta de coca se separa de las hojas y termina convertida en base. El cristal blanco fino que llega al usuario recibe nombres populares como «coca», «nieve» o «farlopa».
¿Cómo se consume la cocaína?
Circulan dos presentaciones químicas diferenciadas: la sal de clorhidrato, soluble en agua, y la base cristalizada, conocida en inglés como «freebase», que no lo es.
El polvo en forma salina suele inhalarse o inyectarse. Es la vía más extendida en contextos recreativos.
La versión cristalizada se obtiene tras procesar el clorhidrato con amoniaco o bicarbonato sódico y agua, calentando la mezcla para eliminar la sal. El resultado se fuma.
El término «crack» designa esa modalidad fumable. La etiqueta procede del chasquido característico que emite al arder.
Cómo dejar la cocaína: tratamientos más eficaces. Vías farmacológicas
Existen dos grandes rutas para superar el vínculo patológico con este alcaloide: la farmacológica y la psicosocial.
Si empezamos por la primera, ninguna molécula ha demostrado todavía una eficacia plena². Durante las últimas tres décadas se han testado decenas de compuestos en ensayos clínicos sin un resultado concluyente.
¿Qué hacen entonces los fármacos disponibles? Aprovechan las alteraciones cerebrales que provoca esta droga, donde se descompensa el equilibrio entre neurotransmisores como la dopamina y la serotonina.
Su función se orienta a bloquear ciertos receptores. Algunos compuestos prometedores modulan esa neurotransmisión alterada.
En la clínica actual, la medicación funciona como apoyo para sostener la abstinencia. Nunca opera en solitario. Siempre acompaña a intervenciones psicosociales³.
Sirven sobre todo para aliviar los efectos agudos de una intoxicación y para amortiguar el síndrome de retirada. Deben emplearse junto a un acompañamiento psicológico estructurado.
Cómo dejar la cocaína: tratamientos más eficaces. Abordajes no farmacológicos
Entre las intervenciones psicosociales con mayor recorrido para salir de esta dependencia figuran las siguientes categorías.
Eficaces: comunidades terapéuticas (CT), psicoterapia de incentivo y enfoque cognitivo-conductual (TCC).
Probablemente eficaces (con evidencia razonable, aunque hacen falta más ensayos): asesoramiento individual y grupal, exposición sistemática a estímulos, prevención de recaídas, entrevista motivacional y modalidades cognitivo-conductuales complementarias.
Requieren más investigación: psicoterapia interpersonal e intervención familiar.
Útiles: psicoanálisis, abordaje de pareja, abordaje familiar y grupos de ayuda mutua.
Todas estas modalidades cuentan con evaluación científica. Pueden desarrollarse en formato individual o grupal según las necesidades del usuario. Veamos las más estudiadas a continuación.
I. Enfoque de Refuerzo Comunitario o Comunidad Terapéutica
Cuenta con grado de recomendación A. Está indicado para casos con vínculo patológico severo, escaso control de impulsos, historial de fracasos en programas menos intensivos y apoyo social deficitario.
Un estudio internacional con más de un millar de participantes arrojó tasas de abstinencia de entre el 56% y el 90% al completar el programa. Los datos cubrían alcohol, cannabis, este alcaloide, heroína y otras sustancias⁴.
II. Tratamiento cognitivo-conductual (TCC)
Recomendación A. Demuestra eficacia consistente en conductas adictivas.
Sus pilares: análisis funcional de la conducta, entrenamiento práctico para reconocer y manejar el deseo o «craving», resolución de dificultades cotidianas, anticipación de escenarios de riesgo, identificación de decisiones aparentemente irrelevantes, habilidades para rechazar el ofrecimiento y la programación de actividades alternativas.
¿Qué busca este enfoque? Enseñar a la persona a identificar, esquivar y afrontar los escenarios donde aparece el deseo.
Si la probabilidad de recaer aumenta en ciertos contextos, el trabajo clínico se dirige a tres frentes: detectarlos, esquivarlos cuando es viable y, cuando no, gestionar de forma más eficaz los conflictos asociados al uso de drogas.
Hay una virtud práctica que conviene subrayar: la compatibilidad. Esta modalidad funciona en combinación con otras intervenciones que el afectado pueda recibir, incluida la medicación.
La cuestión real es que la TCC se centra en la conducta, es decir, en las acciones concretas que llevamos a cabo y en las circunstancias que podrían poner al usuario en riesgo.
Una pata del modelo trabaja la cognición, abordando tanto las rutinas diarias (trabajo, alimentación) como los pensamientos vinculados al deseo de usar la sustancia, enseñando a manejarlos sin recurrir al polvo blanco.
¿Y la segunda pata? Interviene sobre la emoción, sobre eso que se siente mientras ciertos comportamientos pueden empujar de nuevo al hábito.
El modelo cognitivo conductual da lugar a una gran variedad de técnicas
Reestructuración cognitiva. Modifica los esquemas mentales del usuario. El profesional acompaña al afectado a detectar sus patrones y a observar la influencia real que ejercen en su día a día.
Exposición. El paciente se enfrenta de forma progresiva a aquello que dispara su fobia, ansiedad o deseo. Se le entrena para gestionar la respuesta y se le entregan herramientas para frenar pensamientos y actos.
Entrenamiento en resolución de dificultades. A veces el afectado no logra hacer frente a una situación concreta. Se le ayuda a generar alternativas, a tomar decisiones y a evaluar los resultados obtenidos.
III. Prevención de Recaídas
Variante específica del enfoque cognitivo-conductual. Grado de Recomendación B.
Posee dos componentes nucleares: el análisis funcional del hábito y el entrenamiento en habilidades.
La meta consiste en que la persona aprenda a anticipar y enfrentar las presiones y conflictos que pueden desembocar en una caída.
Dentro de este abordaje, otro objetivo paralelo es generar nuevos estilos de vida, hábitos sanos y habilidades sociales. Junto a eso, una gestión del malestar emocional que aleje de los escenarios de riesgo.
IV. Entrevista motivacional
Se le atribuye un grado de recomendación B. Resulta eficaz en la fase inicial y como acompañamiento a otras intervenciones.
Indicada en perfiles con patrón de abuso, eleva la adherencia y el cumplimiento del proceso clínico. Según la evidencia, su utilidad crece cuanto menor sea la motivación al cambio. Sirve para activar el inicio de un programa, para esquemas de reducción del daño y para reforzar la continuidad en otras modalidades psicoterapéuticas.
V. Terapia interpersonal e intervención familiar
Grado de recomendación C, dado que mejora los resultados a largo plazo.
Parte de una idea concreta: el uso problemático surge y se mantiene dentro de un tejido de relaciones interpersonales.
La intervención familiar arranca de esa misma premisa. Describe las conductas en clave relacional y estudia las modificaciones que pueden movilizar las posiciones o dinámicas que entorpecen un desarrollo armónico de los vínculos familiares.
VI. Terapia psicoanalítica
También con recomendación C.
Se indica una vez que el afectado ha alcanzado la abstinencia. Resulta útil en «estados avanzados de recuperación, para tratar rasgos de personalidad anómalos, asociados o previos al trastorno».
Cómo dejar la cocaína con Ádyton
Muchas familias dan por sentado que salir de un hábito compulsivo se resuelve con fuerza de voluntad. La experiencia clínica demuestra lo contrario: sin un acompañamiento estructurado, las tasas de caída en los primeros 6 meses superan el 70%.
Ádyton es un centro de desintoxicación pionero en Salamanca. Aquí se aplica la Terapia Cognitivo Conductual junto a las técnicas de reestructuración, exposición y resolución de dificultades dentro del abordaje clínico. Se combinan con apoyo farmacológico para suavizar los síntomas de la retirada.
Si una primera lectura indica que basta con dejar de usar, al examinar los casos reales aparece otra realidad: la entrevista motivacional, la prevención de recaídas y la intervención familiar son piezas decisivas. Las trabajamos a diario.
Si usted o alguien cercano necesita información sobre el tratamiento de las adicciones con sustancias, podemos ayudar a dejar las drogas. Atendemos todo tipo de dependencias, incluida la cocaína, la dependencia a los fármacos y la dependencia al cannabis. Puede contactar mediante el formulario o llamando al 613 613 785. También atendemos WhatsApp.


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