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El tusi o cocaína rosa es una droga sintética en polvo de color rosado que circula desde 2020 en el ocio nocturno español. Pese a su nombre comercial, raramente contiene cocaína: entre el 70% y el 80% de las muestras analizadas en España contienen en realidad una mezcla variable de ketamina, MDMA y cafeína coloreada con aditivos alimentarios.

Hace unos meses, una madre llegó al centro con el móvil en la mano y una foto borrosa: un polvito rosa dentro de una bolsita que había encontrado en la cazadora de su hijo de 19 años. Su primera pregunta fue si aquello era cocaína teñida. Le tuve que explicar que no, que era otra cosa completamente distinta, y que precisamente ahí estaba el problema.

Ese momento se ha repetido en mi consulta más veces de las que quisiera durante los últimos tres años. Y no me sorprende, porque esta sustancia se ha instalado en el circuito de fiesta español con una velocidad que ni las propias entidades de reducción de daños esperaban.

El equívoco empieza por el nombre. Sigue por el color. Y termina, casi siempre, en una consulta de urgencias.

El nombre que engaña: por qué no es cocaína

Vamos al grano. Ese polvo rosado no tiene absolutamente nada que ver con la cocaína como sustancia. Ni químicamente, ni en efectos, ni en origen. Cero.

¿Entonces por qué se llama así? Marketing puro. Los distribuidores necesitaban un nombre que sonara premium, exclusivo, caro. Cocaína evocaba glamour de discoteca y precio alto. Rosa lo hacía inconfundible visualmente. Fin de la historia.

El origen real del término viene de Colombia en los años 90, donde un químico apodado «Alejandro» (nunca se ha confirmado su identidad completa) empezó a vender 2C-B, una feniletilamina psicodélica que Alexander Shulgin sintetizó en 1974, coloreada de rosa. Aquello se llamó «tussi» o «tucibí», corrupción fonética del inglés «2CB».

Lo que llegó a España tres décadas después ya no tiene apenas parentesco con aquella receta original. Y es aquí donde el equívoco se vuelve peligroso.

Qué hay realmente dentro de ese polvo rosa

Los datos de análisis del servicio Energy Control entre 2020 y 2023 son demoledores: entre el 70% y el 80% de las muestras entregadas por consumidores como tusi contenían una mezcla de ketamina y MDMA, con cafeína como añadido frecuente. En apenas un 5-8% de los casos aparecía 2C-B, la sustancia que teóricamente da nombre al preparado.

Traducido: casi nadie está tomando lo que cree que está tomando.

La ketamina como base habitual

La ketamina es un anestésico disociativo usado en veterinaria y medicina humana. En dosis recreativas produce un efecto de desconexión mental que los consumidores describen como «estar dentro de una película sin ser el protagonista».

Es la protagonista silenciosa de esta droga sintética. Aparece en proporciones que van del 40% al 65% del contenido total según los análisis de sustancias realizados en festivales españoles durante 2022.

El problema es que la ketamina en polvo, sola, tiene un aspecto blanquecino. Al mezclarla con MDMA (que también es blanca) y añadirle colorante alimentario, obtienes un preparado que ningún consumidor puede identificar por vista, gusto ni olor.

El cóctel impredecible: MDMA, cafeína y otros añadidos

El MDMA aporta la parte estimulante y «empatógena». La cafeína en dosis altas simula el subidón de la cocaína durante los primeros minutos. Y luego está la lista de «sorpresas» que hemos visto en informes toxicológicos: metanfetamina, opiáceos sintéticos, incluso fentanilo en muestras aisladas analizadas en Barcelona en 2023.

¿Cuánto de cada cosa? Depende del lote. Depende del vendedor. Depende de la ciudad. No existe control de dosis, ni pureza estandarizada, ni etiqueta que te diga qué proporción llevas en la papelina de esta noche.

La misma sustancia comprada en dos fiestas distintas puede tener perfiles farmacológicos completamente diferentes. Como jugar a la ruleta rusa cada fin de semana.

De dónde viene el color y por qué importa

El rosa característico no tiene función química ninguna. Se consigue con colorantes alimentarios domésticos: E-124 (rojo cochinilla) o E-129 (rojo allura) son los más habituales según los análisis publicados.

¿Por qué me detengo en este detalle aparentemente absurdo? Porque el color es la única «garantía» que tiene el consumidor de estar comprando lo que le prometen. Y es una garantía falsa.

Cualquier persona con acceso a un supermercado y una batidora puede colorear de rosa cualquier cosa. Cualquier cosa. En el laboratorio de un traficante, esa «cosa» puede ser desde ketamina hasta anfetaminas con excipientes farmacéuticos machacados. El tono rosado no acredita composición: acredita únicamente que alguien ha querido venderlo bajo esa marca comercial callejera.

Es lo mismo que si compraras vino Rioja identificándolo solo por el color rojo del líquido. No tiene ningún sentido, pero es exactamente lo que ocurre en el mercado ilegal de esta droga.

Análisis químico de sustancias como el tusi para detectar su composición real

Cómo se consume y en qué ambientes circula

La vía habitual es esnifada, igual que la coca. Se prepara una raya sobre una superficie lisa y se aspira por la nariz. En algunos entornos también aparece diluido en bebida o consumido oralmente en gelatinas, pero es minoritario.

El ambiente principal donde circula esta droga sintética en España está claro: discotecas de gama alta, afters, fiestas privadas, festivales electrónicos y ciertos círculos vinculados al ocio nocturno de Madrid, Barcelona e Ibiza principalmente. Aunque desde 2022 se ha expandido a ciudades medianas.

El precio importa porque construye el mito. Entre 60 y 100 euros el gramo según los informes del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. Es una barbaridad para lo que contiene. Pero ese precio alto refuerza la percepción de «producto premium» y funciona como filtro social: quien lo consume se siente en un círculo exclusivo.

Y aquí viene lo bueno: la persona que paga 80 euros por un gramo cree que compra exclusividad, cuando en realidad está pagando ketamina de veterinaria a precio de champagne.

Efectos reales frente a lo que promete el mito

La narrativa comercial callejera vende una experiencia mágica: euforia sin bajón, sociabilidad extrema, sensaciones psicodélicas suaves, sin resaca al día siguiente. La realidad clínica que vemos en consulta es bastante distinta.

Sensaciones durante el consumo

Los efectos aparecen a los 10-20 minutos si se esnifa. Duran entre 2 y 4 horas dependiendo de la dosis y la composición. Lo que describen los consumidores durante el pico:

  • Euforia intensa combinada con desconexión mental
  • Distorsiones sensoriales leves (colores, música)
  • Sensación de cercanía emocional exagerada
  • Aumento de temperatura corporal y sudoración
  • Taquicardia mantenida durante toda la sesión

El problema es que ninguno de esos efectos es predecible. Dos personas que consuman de la misma papelina pueden vivir experiencias radicalmente distintas porque la mezcla se distribuye de forma desigual dentro del propio polvo.

Consecuencias que aparecen después

Aquí es donde se acaba la fiesta. La resaca de este cóctel es una de las peores que existen porque combina el bajón serotoninérgico del MDMA con la niebla mental de la ketamina y el rebote irritable de la cafeína.

Lo típico que vemos en consulta los martes: ansiedad de rebote, insomnio prolongado, pensamientos intrusivos negativos, sensación de «no estar bien contigo mismo» durante 3 a 7 días. En consumidores habituales, deterioro cognitivo progresivo que aparece a los 4-6 meses.

Y hay un problema añadido específico de la ketamina: daño en la vejiga urinaria por consumo repetido, que puede llegar a ser irreversible. En 2022 hicimos seguimiento a un paciente de 24 años con cistitis intersticial diagnosticada tras dos años de consumo semanal. Su vida cambió por completo.

El peligro invisible: no saber qué estás tomando

Esta es la parte que más me preocupa profesionalmente. En una sustancia estandarizada, incluso siendo ilegal, un consumidor experimentado puede calcular su dosis con cierta previsibilidad. Con este preparado rosado, no.

¿Es más peligroso el tusi que la cocaína? En términos clínicos, sí, y por una razón simple: la cocaína, aunque adulterada, tiene un perfil farmacológico predecible que el consumidor conoce; el preparado rosado es una mezcla variable donde ni siquiera la sustancia principal se puede anticipar. La imprevisibilidad multiplica el riesgo de sobredosis, interacciones y reacciones adversas graves.

Cada papelina es una caja negra. La misma dosis que la semana pasada te dejó bien puede esta noche mandarte a urgencias porque el nuevo lote lleva el doble de MDMA o incluye una anfetamina que antes no llevaba.

Las interacciones con medicación son otro terreno minado. Si estás tomando antidepresivos ISRS, la combinación con MDMA puede desencadenar un síndrome serotoninérgico grave. Pero como el consumidor cree que está tomando «algo parecido a la coca», ni siquiera piensa en ese riesgo.

Y luego está el factor policonsumo. Casi nadie consume esto solo. Se mezcla con alcohol, con hachís, a veces con cocaína real. Cada combinación multiplica riesgos que ya de por sí son altos.

Señales de que alguien cercano puede estar consumiendo

Muchos familiares me preguntan qué observar. Voy a ser concreto porque las señales existen y suelen aparecer en cascada:

  1. Cambios en los ritmos de sueño con «resacas» que duran varios días
  2. Irritabilidad marcada entre semana, especialmente lunes y martes
  3. Pérdida de interés por actividades que antes le motivaban
  4. Gasto económico injustificado en fines de semana concretos
  5. Aparición de nuevos círculos sociales sin explicaciones claras
  6. Deterioro del rendimiento académico o laboral progresivo
  7. Aislamiento emocional dentro de la familia
  8. Problemas urinarios recurrentes en consumidores habituales de ketamina

Ninguna señal aislada confirma nada. Todas juntas, especialmente si aparecen en pocas semanas, son motivo para tener una conversación honesta. No un interrogatorio: una conversación.

Y ojo con un detalle importante: la vergüenza y el estigma hacen que muchos jóvenes oculten mejor esto que otras adicciones más «clásicas». El estigma no ayuda a nadie. Al contrario, aleja el momento en que la persona pide ayuda.

Conversación familiar sobre señales de consumo de drogas sintéticas

Cuándo y dónde pedir ayuda profesional

No hace falta esperar a la crisis grave para consultar. De hecho, cuanto antes se aborda, mucho más fácil es la salida. Lo digo con datos: en nuestro centro, los pacientes que consultan durante el primer año de consumo problemático tienen tasas de recuperación sostenida superiores al 75% a los dos años. Los que llegan tras cinco años de consumo bajan al 40-45%.

¿Cuándo consultar? Cuando el consumo empieza a marcar decisiones importantes, cuando aparecen consecuencias en el trabajo, los estudios o las relaciones, o cuando la persona intenta parar y no puede mantener la abstinencia más de dos o tres semanas.

El abordaje profesional para este tipo de policonsumo tiene particularidades: no es una adicción a una única sustancia, sino a un patrón de fiesta que incluye varias. Requiere trabajo psicológico sobre el estilo de vida, no solo sobre el químico concreto. Y en muchos casos, requiere valoración psiquiátrica para descartar patología dual asociada.

Si quieres profundizar en cómo actúan los estimulantes tipo cocaína y los mecanismos adictivos que activan, hay información específica en nuestro artículo sobre efectos de esta familia de sustancias, que ayuda a entender por qué el bajón posterior es tan intenso.

Buscar ayuda no es un fracaso: es la decisión más lúcida que puede tomar alguien que ha entendido que está jugando con algo que no controla. Y en 2024 seguimos con demasiadas familias esperando meses o años para dar ese paso. Cuanto antes, mejor. Siempre.

Autor

  • Álex Martín es terapeuta con más de veinte años de experiencia en el ámbito de las adicciones. Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona, ha desarrollado su trayectoria combinando la formación, la docencia y el acompañamiento en salud mental. Es formador en soporte mutuo (P2P) en la Federació Veus Catalunya y en el Hospital del Mar, miembro del Grup de Treball Peer to Peer del Departament de Salut y docente en el Parc Sanitari Sant Joan de Déu. Además, participa activamente en ActivaMent Catalunya Associació y como portavoz en Obertament, trabajando siempre con un firme compromiso en la lucha contra el estigma y la promoción del bienestar.

    TITULACIONES Y ESPECIALIDADES
    Certificat Docent ALEJANDRO 2018

    Master en Drogodependencias UB

    Prevención en Drogodependencias en Menores