El alcohol causa adicción al combinar factores biológicos, psicológicos y sociales que refuerzan el consumo. Aumenta el placer en el cerebro, genera tolerancia y dependencia, y puede usarse como forma de aliviar emociones negativas. Factores genéticos, sociales y la edad de inicio también incrementan el riesgo, creando un ciclo difícil de romper que requiere intervención profesional.

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